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HORÁCIO COSTA

(Traducción de Emarize H. do Prado)

TALLOS DE VIENTO

 

Tallos de viento.

Pregunto otra vez.

La suma de las preguntas

brota de su propia primavera,

arbitraria floración sin dueño.

Me desgasta el no poder preguntar

por primera vez, blandiendo

una duda individual y peculiar

como una flor súbita.

Aro el aire. Tengo de mí la duda

que no contesta la pregunta.

En Mauá miraba el valle desde el peñascal

y me bañaba en un río oxigenado

irremplazable.

Escribo y el río en mí se baña.

De nuevo. Las piedras que sus márgenes adornan

son estas palabras. Mi cuerpo

es el paisaje de árboles y nubes

que lo observa.

Una suave anarquía

zumba en cada metro de la naturaleza,

vuela, zuñe en mis oídos

fabricando panales de miel.

Por un rato o menos

nada me diferencia de lo que me cerca.

La duda es irredimible:

le pertenezco a ella más que ella a mí.

La pregunta es su sombra,

polen sin gravedad,

olor que permanece en la narina

pasado el eucalipto. Promesa de fertilidad

sin receptáculo. Puro

céfiro. Los pétalos imposibles

se agitan en la mente.

Me baño en un río que lleva al mar.

Todo es ahora o nunca más.

 

New Haven, 1985

EL BARCO BLANCO

en memoria de João Guimarães Rosa

 

a la distancia discreta de la tierra

un barco viaja por las costas de Brasil

todas las noches, solo por las noches

en él no brillan luces ni viene disimulado

allá está siempre que alguien se acuerda de buscarlo

del alto de la amurada de una avenida tropical

de los balcones panorámicos de los rascacielos

o de las laderas de los morros, de las favelas

está él a flotar sin vida a bordo

y contra la oscuridad del mar que se pierde en el horizonte

parece anclarse en un solo lugar

parece que el lugar donde aparece es su lugar

pero no dura mucho esta visión

para los que se acuerdan albergarla

porque tiene el barco blanco lema propio

y su destino es contar siempre los mismos sitios

verificar si cada bahía, cada piedra o playa

siguen allá donde él las había dejado

si del Forte dos Reis Magos a la boca del Amazonas

el movimiento de las dunas no se ha descontrolado

si la Ilha do Mel en Paraná todavía juega

entre la Sierra y la fría corriente antártica

si el Monte Pascoal no fue de todo deforestado

si de Torres a Uruguay en los manglares

los patos hacen inmemorialmente los nidos

su misión es volver a medir la altura

de las torres de la Igreja da Conceição da Praia en Salvador

observar la estabilidad o la resaca en los estuarios de los ríos

que revelan si hubo lluvias en el interior

si las parejas de turistas de São Paulo

siguen a hacer el amor repetidamente,

en bandadas, a gritos

en las arenas no siempre limpias de Mongaguá

no tiene descanso, el barco no tiene sosiego

vela por el litoral del país que sumerge

en las tintas translúcidas de un mar taciturno

no hay nadie a bordo que pueda ser sorprendido durmiendo

por un hecho inesperado

nadie que se responsabilice por su ruta

por qué en aquella noche él habrá de reencontrar

nadie que se encapriche por un rincón

ningún provinciano que quiera guardar mejor

las costas de su estado

él sigue, nada más, todas las noches

y blanco, y este brillo que tú ves en él

viene de las estrellas más allá en el cielo

y del plancton que lo circunda

a la flor del agua, a la distancia discreta de la tierra

entre Brasil y la nada

 

New Haven, 1985

LA PASIÓN DEL VACÍO

 

en memoria de Ana Cristina César

 

ríos secretos se evaporan en un mar de dunas

e implosiona la manzana de Newton en la redoma de orquídeas

mientras la berceuse de la materia prosigue

hasta la lenta desaparición del protón de la vida

que ignora y considera el cuerpo en su moción

de caída, atravesando mallas de significados

como el insecto que perfora la tela leve de la araña

sin la hesitación del asteroide al entrar en la atmósfera

sin la hesitación del profeta al romper las tablas de la ley

 

en el pico de la velocidad hay un momento en suspensión

cuando no te suplica o promete la lábil gravedad

un momento de seducción entre laberinto y piel

porque ya no hay prisión entre geometría e ícaro

y el espacio sin fijeza supone la calma de los sentidos

es el instante de todos los panoramas, el Aleph

de todas las erupciones humanas

                                                                   yo vi a la estrella

 

una frágil estrella fugaz en el cielo del desierto

que ha guiado al eclipse los atónitos peregrinos

Halley de descompostura sobre la Guanabara

a reflejarse en un espejo de asfalto y sangre

imán de coral y conchas para formar el crustáceo

exaltado, donde se esconde la perla de la intoxicación

progresiva, de la progresiva reducción a cero

y al infinito

                       pues es esta la pasión del vacío

 

por el tiempo, bulldozer que retira el guano de las playas

y lo esparce sobre nuestras cabezas como un anarquista

 

México, 1984

POEMA

 

para Eduardo Milán

 

mis ojos están secos como el verano

mi sed agua ninguna amortigua

 

un camino sin regreso u horizontes

da sobre si vueltas

                                     y desaparece

 

la tierra fabrica sombras sin aire

mineraliza el aire desiertos sin prisa

 

la arena que el viento sustrae de la roca

multiplica el tiempo de la esencia leve

 

remolino

                   forma de la eternidad

moldea mi cuerpo entre las escarpas

 

soy como la maceta atravesada por el sol

en manos del ceramista

 si me sostienes

 

soy piedra en suspensión

                                                   si me deseas

de instante preñado entre cielo y gravedad

 

piedra me convierto lavada desde adentro

iluminada alrededor del eje en rotación

y soy planeta explotado en sí mismo

cal y cero             vida y nada ser total

si me revelas

                           forma expandida

hipnotiza mi voz en movimiento

polvo de escritura

                                    baile helicoidal

tengo presente la imagen de la imagen breve

un camino sin regreso u horizontes

da sobre sí vueltas

                                     y desaparece

 

 

México, 1984

POESÍA

Sobre el autor:

HORÁCIO COSTA (Sao Paolo, 1954). Destacado poeta y narrador brasileño. Ha publicado los poemarios 28 poemas / 6 contos (1981), Satori (1989), O Livro dos Fracta (1990), The Very Short Stories (1991), O Menino e o Travesseiro (1998), y Quadragésimo (1999). Es autor de los libros de ensayo Mar abierto (1999) y de un estudio sobre el periodo formativo de José Saramago.

Sobre la traductora:

EMARIZE H. DO. PRADO es brasileña, pero desde niña se enamoró de la lengua española y de la cultura hispánica. Es formada en Letras Portugués y Español por la Universidad Federal de Paraná y se dedica a los estudios de ambos idiomas. Además de traductora, es correctora de estilo y redactora independiente.

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