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Debemos advertirle, querido lector, esto no es un editorial, es una declaración de guerra o, lo que es lo mismo, de amor.

Ovidio se refería a los amantes como una "militia", pues los amantes son guerreros que combaten en el lecho.

Hacer el amor es hacer la guerra.

Nosotros queremos combatir, pero no en contra suya o de cualquier otro humano, sino en contra del mutismo. Soñamos con quemar los bozales para que no solo las vacas sagradas tengan derecho a mugir.

Los terneros –mucho más sagrados– deben bramar.

Nuestro ideal es acabar con las espadas y reemplazarlas con las letras para que en vez de herir, los poemas nos cicatricen.

Haremos "arte comprometido", pero el compromiso será dar voz al mudo.

Por eso, nuestra declaración de guerra es una declaración de amor.

Nosotros defendemos y alentamos el disenso.

Vivimos en la contradicción, somos los poetas del absurdo.

Somos electrones, protones y hasta neutrones…

No tenemos ni patria ni dios, pero sí ley.

La ley de escribir para vivir y vivir para escribir.

Los editores

EDITORIAL

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