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CARLOS RAMOS

ZÚÑIGA

Estar menos

Para los restos del pasado, ni una flor

 

Me voy al carajo de aquí, no quiero más tierra firme, tomaré mi barca y con velas extendidas me escaparé.

Sé que alguien puede huir, irse, olvidarse de todo. Sé que alguien puede cumplir su última voluntad, alejarse, vivir el resto de su vida en alta mar. La soledad también es una forma de alegría, el regalo del silencio, de la contemplación. Estar solo ante el inmenso mar, que la brisa me cale hasta los huesos, que por la noche las estrellas me hablen de lo que está más allá, para que  pueda olvidar.

A mis años  me queda  poco por hacer, he vivo mucho pero he aprendido poco, me considero un ignorante. Tomaré lo necesario para poder sobrevivir el tiempo que me falta, el mar será mi pradera, los peces mis frutos, las estrellas mis luciérnagas, mi barca mi casa. Es tiempo de soltar amarras, en altamar podré quedarme y no volver más.

 

-Viejo chiflado, eres un tonto si crees que alguien  puede vivir en altamar. Además, ¿Quién quisiera vivir alejado de la tierra? ¿Qué cosa tan horrible pudo pasarte?

 

Varios metros de sedal, muchos anzuelos con un sin número de carnada, la estufa de sol, cuatro cuchillos, muchas especias para dar sabor. Mucha agua para beber y recipientes para acumular la de  lluvia, cinco mudas, una brújula y un astrolabio, mis mapas de navegación y mi bitácora. Mi barca es pequeña pero resistente, las velas serán llevadas por el viento a donde no se vea más que mar, la proa se abrirá paso por los mares, la popa será mi descanso, no necesitaré banderas porque mi patria verdadera será el océano. Un hombre que quiere abandonar todo con poco le basta.

 

-Un viejo loco que se quedó atrapado en el tiempo, que navega con una vela de hace muchos siglos.

 

Llegó la hora de partir, todo está listo. Me despido de la tierra, de los lugares en donde estuve, de todo lo que antes fue mi vida. El mar está sereno, los días aciagos se han ido, hoy es miércoles, las iglesias y sus campanas ya han quedado lejos. Ya está pulido el mascaron de la proa de Melisa, el viento me trae mensajes del mar, aguarda mi llegada.

Solté amarras, mis últimos pasos en la arena se borraran con el tiempo, el azul del mar me recibe, con mis pasos, las pequeñas mantarrayas se escapan. Por fin, el camino hacia el olvido. Los remos se hunden lentamente, me alejo de lo que una vez fue querido, el viento ya sopla mis velas. La tierra firme queda atrás, la paz me invade mientras el sol se va ocultando,  hace varias horas que dejé de ver aves, ya las estrellas se muestran a plenitud, pocas veces había contemplado el universo, ahora comprendo a los sabios de la antigüedad.

Sólo se escucha el agua golpeando mi barca, el viento  sigue trayendo mensajes de lugares muy lejanos, por fin la nada, el olvido. No fue una mala idea, pocos seres vivos tienen el privilegio de elegir su vida y su muerte. Sobre todo la muerte, me he adelantado y aquí te espero con una sonrisa. Es tiempo de reflexionar, de ver la oscuridad, de sentir mis propios latidos, mi bitácora no será de viaje, será de muerte, de tiempo y espacio.

 

-Viejo loco, no sabes que muchos han enloquecido con el silencio, que el silencio mata, que la soledad asfixia.

 

A la noche le grito con todas mis ganas, le grito hasta quedar exhausto. Desahogar el miedo,  no ser escuchado y sin embargo estar en paz. El espectáculo del cielo es asombroso, lo que ya poco se ve, los pasos de los astros. En la noche, el mar y el cielo es uno, es el mismo, no se puede discernir sobre el aquí y el allá,  cielo y mar hacen el amor en la oscuridad. A la mañana nace el hijo de ambos, resplandece, trae vida.

Los colores, el movimiento que está en el mundo submarino ¿hasta dónde llegará el mar?  ¿Qué podremos conocer, hasta dónde podré viajar? Mi barca con suavidad avanza, la calma del todo, soy esto, soy aquello, aquí es donde debo estar, en donde debo terminar. Y sé  que en un mar en calma y con el viento a favor es difícil conocer a un buen navegante. Pero hoy no, hoy aquí he de quedarme.

 

-Viejo loco, te aferras a lo último, a como terminó y tu mente agrega más,  No mires eso, contempla todo el camino. Agradece a la vida por lo que te ha dado, por lo que viste, lo importante no es el final, también lo es el camino.

 

El tiempo,  el camino,  el olvido,  el no va más.  La mente nos  hace trampas y sólo recuerda lo bueno, por eso hay que irse, no coquetear con el pasado porque no es de fiar. Mejor ir hacia enfrente, soltar amarras, quemar las naves y no volver más, la vida está al frente.

Sabía que iba a pasar, estoy preparado, las primeras gotas golpean las velas. Al bajarlas el viento se ha hecho más fuerte, el mar más bravo y sin embargo el espectáculo del cielo abierto a la luz de los relámpagos, la música de la lluvia que nadie escucha,  el cielo tan oscuro que descubre su rostro sólo un instante. El agua ya está acabando con mi vela, la tormenta seguirá hasta que el cielo se extienda y el mar otra vez quedará en calma. No sé si seguiré aquí, pero esto es lo que quiero, no es un naufragio esto es una decisión. El agua está llenando mi barca, las pocas cosas han desaparecido, le grito al cielo, lo maldigo, por esto, por lo otro y por todo, por más que lo hago ningún rayo me alivia, nada me saca de aquí, las olas se hacen cada vez más grandes, la noche, la lluvia, el viento, todo es uno y yo soy tan diminuto.

 

-Viejo, los sueños pocas veces se cumplen, a tus años ya deberías saberlo. Es absurdo lo que buscas.

 

Estoy golpeado por todos lados, de la vela sólo quedan pedazos, no sé por qué sigo aquí. No es justo, únicamente cuatro meses. A la tierra llegué como hace muchos años, llorando y sin nada, con la tristeza acuestas, con todos las estrellas destrozadas. Cuatro meses nada más, de dicha, de olvido, justo cuando comenzaba a vivir, cuando me estaba uniendo al todo, olvidando al fin. ¿Qué destino es este que me trae a tierra? lejos de lo que fui, de donde partí ¿Por qué sigo con vida? Aquí el sol lo ilumina todo, el mar y la playa están en calma, pero yo no. Deseaba terminar con esto, no llegar a este punto.

 

-Te lo dije, viejo aferrado, hasta el destino se burla de ti, era algo absurdo. Mírate, ahora ya no tienes ni fuerza, la tristeza se te pegó a la pupila.

 

Una sola cosa quería de este mundo, sólo una. El viento ya no me trae mensajes, el mar ha perdido el sabor, el olvido es recuerdo y respiro estas ganas de hundirse. Podría dejar que esto pase y marchitarme en tierra firme, podría dejar que ellos ganen, que mis manos y mis arrugas se pueblen de polvo.

Si esto va a pasar, que así sea, soy yo el que debo guiar este camino. No le tengo miedo a la muerte, porque para morir sólo hace falta estar vivo. Algunas veces lo que me angustia es saber si un día dormiré y ya no despertaré o estando despierto nunca más volveré a dormir, regresaré al mar. Es la pasión lo que mueve, buscaré un lugar, un camino,  un viaje. Eliminaré los antiguos errores, las caídas también enseñan, no quiero más tierra firme.

 

-Es una locura, lo sabes de sobra anciano. No hay razón para irse a morir a otro lado. No te sientas triste por lo que perdiste  (o te arrebataron), si tuviste alegría agradece a la fortuna lo que te ha dado.

 

El agua en la tierra golpea mi rostro cuando cae del cielo, podría decir que fui feliz aquí.  Una gota de felicidad no compensa tanto sufrimiento. Si algo aprendí es que cada que hay un poco de felicidad, siempre hay heridos. Decido partir, dar la espalda al destino y mandar todo al carajo. Reforzaré mi vela, llevaré más equipo, no hay mejor profesor que el error, aunque a veces no lo entendamos, duele, pero es peor seguir escuchando la burla del destino. Con mi barca y sus velas extendidas me voy, esta vez para siempre.

 

-Viejo insensato, necio, la vida da muchas oportunidades y tú sólo piensas en morir.

 

Día 122. Ha pasado tanto tiempo, que me he acostumbrado a olvidar. Es asombroso ver la totalidad, cielo y mar como uno. La paz, la tranquilidad, esto es la vida.

Día 6. Dejé todo para contemplar la paz, para encontrar lo que hay en mí. ¿Los recuerdos se eliminan o sólo cambian de lugar en la memoria? mientras lo descubro el viento me lleva, esta vez para ya no regresar, me encamino al olvido.

Día 52. Tu recuerdo me atacó por la noche. Las estrellas no me pudieron defender, la distancia, mi intento de irme, me sirvieron de poco. Ahí estabas tú cambiando de estación. Que cruel el pasado que juega con la mente, que cruel el presente que duele en el pecho, que cruel el futuro que se ve incierto. Sombra que pasaste por aquella pared, yo fui el único que te vi.

Día 385. Después del vacío, de no tener nada, una luz me llevó a ti, creí, te di todo. Pero siempre estuve hablando solo, me engañé, dijiste sí, pero hiciste lo contrario, la culpa fue mía, nunca estuviste, ni siquiera maldecir tiene sentido, porque no estás, nunca has existido.

Día 80. El delfín viene cada tarde, me ha seguido por kilómetros. A veces logro entender lo que me dice, no te preocupes. Pero lo cierto es que también hay veces que él mismo no sabe a dónde ir.

Día 11. Ojalá tuviera un lenguaje para decirte todo lo que siento, para hablarte, tendré que inventarlo. Quisiera darte algo fantástico, algo único, como la luna de hace tres días o los paisajes o mi tiempo o mi vida.

Los recuerdos se están haciendo invisibles, tu presencia ajena, tu risa sorda, te fuiste y mira lo que dejaste.

Ahora es de noche, dejó de llover, no hay luciérnagas, miro hacia tu puesto y cierro los ojos.

Día 75. Yo quise que fuera así, ligué mi felicidad con tu presencia, así quise que fuera. Sabía que era una historia imposible y aun así lo intenté.

Día 548. Te dejo al fin, es el momento de regresar, me voy sin ti...

 

-No le puedo encontrar la vena a este anciano. Ayer en la noche se quejó mucho.

 

-Ya no hace falta… dejó de respirar.

NARRATIVA

Sobre el autor:

 

CARLOS RAMOS ZÚÑIGA (México, 1984) es licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa. En la actualidad cursa la licenciatura en Ciencia Política en la misma institución. Es profesor de Filosofía en el nivel bachillerato. Ha publicado ensayos y cuentos en revistas como Memorias Periféricas, Nota al Pie, PoesiAdjunta, La Neta y en el Periódico 30-30 del Partido Comunista de México. Es autor del libro Cuentos Proletarios.

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