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ANA SEDANO

Proscrita

 

I

sedientas

claman exhaustas mis arterias

 

encumbras mi carne

en el silencio brutal de las horas

 

te desplomas

 

sobre mis ojos:

un sacrificio.

 

II

la piel furiosa rasga

revuelve, revuelca, restriega adicta

 

bárbaro me tuerces

hiedras de mi vientre arrancas

 

acribilladas

aniquílanse coléricas

se revientan, se hastían

escupen fracturas jubilosas

 

INMUNDA ME DIGO

abyecta desconocida        nadie.

III

Como un jadeo arrastrando sus dientes a través      

el aire, con innombradas lenguas,

derrama sobre mí espasmos desiertos 

 

garganta abierta

sin voz, boca o vulva

vuelta en nos, el hambre se agita

 

mis hebras se arrastran, se desploman convulsas    

atraviesan bultos histéricos        

los revuelven, retuercen, agrietan

 

encaramada en tus fibras, arañas desvisten tus huesos     

te astillas, me vuelvo

extraigo vértebras, ojos   

el corazón descuajo

 

estremecidos mis labios en tu risa

apuñalada en tus orillas

olvidar que soy Ella

olvidarme que eres Tú

 

te arranco, me arrancas             no respiro

en mis piernas me llevo clavados tus huesos.

POESÍA

Aire

Acarició el aterciopelado y frágil cuerpo de su adorable gata. Cada tarde aspiraba con deleite el suave aroma que desprendían, uno a uno, los hilos plateados meciéndose entre sus lánguidos dedos.

Le gustaba sentarse frente a su ventana y sentir esa tranquilidad misteriosa en la que reposaba el pequeño animal, ese murmullo discontinuo, casi musical, que se arrastraba como un eco interminable.

Le gustaba sentarse frente a su ventana y dejar que el silencio abrasara lentamente las horas. Un silencio que sólo rompía ese ronroneo y el aire, el aire que entraba y salía por su cuerpo, sofocándola.

Le gustaba sentarse frente a su ventana y dejarse llevar por esa inquietante tibieza incendiando su piel, deslizándose por sus narices y desapareciendo abruptamente en la nada.

Así, ahogada por el sudor, pensaba una y otra vez en aquel remolino turbulento entrando a bocanadas por la nariz o por la boca, descendiendo por la garganta hasta sus pulmones. Allí, en esas dos inmensas bolsas de carne ocurría entonces el milagro alquímico: aquel amante insípido e incoloro se teñía de un rojo intenso, se espesaba hasta hervir furiosamente y viajaba por sus brazos hasta encontrar sus piernas, sus manos, su lengua.

Ese aire sangre, impalpable, tímido y violento, sacudía sus entrañas con ternura.

Así, ahogada por el sudor, lo dejaba entrar una y otra vez, mientras acariciaba las felinas hebras de su sexo y aquellos ronroneos se iban deshaciendo pálidos sobre la silla... esa silla, hambrienta de rocío, sobre la que reposaba cada tarde junto a la ventana.

Sobre la autora:

ANA SEDANO SOLÍS nace en Santiago de Chile en 1984. Doctora(c) en Estudios Teatrales por la Universidad de Alcalá, ha participado como organizadora y ponente en diversos encuentros poéticos, entre los que destacan: organización del "1° Encuentro de poetas Hispano-Chileno", realizado el año 2011 en Alcalá de Henares (España) en conjunto con la Escuela de Escritura y del "Primer Concurso Regional de Poesía Femenina Joven en Iquique", realizado el año 2013 con la colaboración de la Universidad Arturo Prat y del Centro Tecnológico Minero en Iquique (Chile). Participó en talleres literarios de Pedro Lemebel, desarrollado en la Galería Metropolitana (2001) y el Laboratorio de Escritura Erótica, dictado por Gabriel Larenas y Alejandra Loyola (2009-2010). Ha sido antologada en el fanzine Parafilia (Laboratorio de Escritura Erótica, Ediciones Garҫons, 2010) y ha publicado su primer poemario Infémina el año 2010 (Cuadernos de Poesía, Biblioteca de Santiago).

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